31.8.06

El río Uruguay parece derramarse sobre sí mismo...

Resulta sorprendente observar como el cultivo de soja llega hasta los límites del Parque Florestal. Una vez registrados en la sede de guardaparques, emprendimos el recorrido final que nos llevaría hasta el salto. Son aproximadamente 15 km de distancia por un camino que se abre paso entre la selva virgen. Durante el transcurso es posible observar la magnificencia de la flora y fauna del lugar, donde la observación de animales dependerá de la dosis de buena suerte que se tenga ese día. Mabi y los chicos optaron por viajar en la parte descubierta de la camioneta. Querían disfrutar a pleno el maravilloso paisaje selvático.Este lugar constituye el hábitat de numerosas especies que se encuentran en peligro de extinción, como es el caso del anta y la onça pintada (El anta es un cérvido muy similar al alce, y en Brasil denominan onça pintada al jaguar, o jaguareté. En Misiones y gran parte de nuestro país es muy común que lo llamen simplemente tigre. Pero ese apodo es usado también por muchos lugareños para referirse al puma, que también habita en la zona). El parque alberga más de 400 especies de aves, alrededor de 2.000 especies vegetales y un inmenso mundo de insectos, lo que hace de este bioma un ambiente natural muy rico. A medida que nos internábamos sentíamos mucho más calor y podíamos percibir perfectamente el aumento de la humedad (Recordemos que el clima es cálido, con temperaturas medias de 15°C en invierno y de 26°C en enero, y una humedad relativa que varía entre 75% y 90%. Las lluvias, con un promedio de 2.000 mm anuales, son provocadas por los vientos que provienen del Océano Atlántico). La vegetación es tan densa y enmarañada que no permite ver más allá de unos pocos metros (Esta selva se caracteriza por seis estratos perfectamente identificables entre el suelo y la copa de los árboles más altos: el estrato de los árboles gigantes o emergentes; el estrato de los árboles grandes; el de los árboles medianos; un estrato intermedio; uno arbustivo y uno herbáceo). Nos detuvimos en varias oportunidades para escuchar los sonidos provenientes de la espesura.El camino va descendiendo lentamente hacia la costa del río Uruguay y termina en un espacio abierto en la selva donde se estaciona el vehículo. Existen unos quinchos bien amplios y algunas mesas y bancos dispuestos debajo de los mismos. Aunque todavía se está a más de quinientos metros de distancia de los saltos, el ruido que produce el agua al caer es perfectamente audible desde ese lugar. De más está decir que la ansiedad nos invadía. Escuchábamos el ruido, pero la vegetación aún ocultaba la escena.Comenzamos la caminata por un estrecho sendero a través de la selva. Después de andar unos trescientos metros la capa de tierra superficial dejó paso a la roca. La vegetación disminuyó abruptamente y tuvimos que andar con muchísimo cuidado entre las piedras que estaban disgregadas por todos lados. El ruido se acrecentó y de pronto, frente a nosotros y a unos doscientos metros de distancia, apareció el espectáculo tan esperado: el magnífico Salto do Yucumã.


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