31.8.06

A las 08:45 hs dejábamos Porto Soberbo y comenzábamos a transitar las ricas tierras del estado de Rio Grande do Sul. En toda esta zona el gobierno del vecino país llevó a cabo exitosas experiencias de colonización a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX (La experiencia inmigratoria puesta en marcha en Argentina en esa misma época, fue una copia del modelo iniciado por Brasil. Algunos colonos que arribaron a nuestro país lo hicieron accidentalmente, ya que su destino final eran aquellas tierras. Este es el caso de muchas familias de alemanes del Volga que debieron dirigirse al puerto de Buenos Aires cuando no se les permitió el desembarco en Brasil a raíz de un fuerte brote de fiebre amarilla y cólera en la región). Los descendientes de aquellos primeros colonos europeos aún mantienen vivas muchas de las tradiciones que sus ancestros trajeron de aquellas tierras. Polacos, alemanes, suecos, noruegos, franceses y españoles se afincaron en toda la región. Esperança do Sul sorprende al visitante con sus viviendas perfectamente pintadas, los jardines cubiertos de flores, su fábrica de “carros polacos” y la limpieza de sus calles.La variedad de nacionalidades también trajo aparejada la pluralidad de cultos, hecho que se pone de manifiesto en la existencia de un número considerable de iglesias y capillas esparcidas por toda la comarca. Muchas de ellas han quedado solitariamente perdidas en el medio del campo, aunque no por ello abandonadas. Muy por el contrario, casi todas se encuentran en perfecto estado de conservación.A la salida de Esperança do Sul el camino se bifurcaba. Allí se acababa el pavimento. A la derecha la ruta se dirigía a Três Passos; nosotros giramos a la izquierda, rumbo a Derrubadas. Por todos lados se notaba una intensa actividad agrícola, y la presencia de pequeñas parcelas descubría el uso intenso del suelo.La camioneta trepó por entre las sierras durante varios kilómetros, y la salida de cada curva nos deparaba una nueva sorpresa. El cultivo de soja llegaba hasta el borde mismo de la calzada. No existen cercas ni alambrados. Solamente la cima de las sierras de mayor altura conservan algo de la vegetación selvática original. Unas cruces que sobresalían entre el cultivo de soja constituían el signo más evidente del aprovechamiento del espacio al máximo. Ni siquiera el pequeño cementerio pudo detener a las sembradoras. Más adelante un camión cisterna, perteneciente a la transnacional Sadia, se encargaba de recoger la leche de los tambos familiares. A la entrada de cada chacra, en un cartel colocado por la misma empresa, figuraba su logotipo. Más abajo se leía el nombre y apellido del propietario del campo. La mayoría de los agricultores están nucleados en cooperativas, sistema que funciona y está ampliamente difundido en toda la zona.Más adelante pasamos cerca de las localidades de Padre Gonzalez y Tenente Portela. Habíamos alcanzado la parte más alta de la serranía. Desde allí comenzaríamos a descender lentamente hacia el valle del río Turvo.

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