31.8.06

Primero nos dirigimos en la dirección que sigue la corriente, observando en detalle las formaciones rocosas que acompañan la enorme falla geológica por la que se desliza el río. Más adelante hallamos los restos de un anta, que seguramente había sido cazado por un puma o un jaguareté la noche anterior. El felino lo atrapó en la selva y luego lo arrastró hasta ese sitio para devorarlo con tranquilidad. Las aves de rapiña y las hormigas se estaban encargando de lo poco que había quedado adherido a los huesos.Pudimos divisar que por el lado argentino una persona caminaba en dirección a los saltos. Cuando llegó a la orilla nos saludó agitando una mano. Era uno de los guardias del Parque Provincial Moconá y conocía a nuestro guía. Como las aguas estaban muy bajas le resultó muy fácil llegar hasta el borde de la caída (cuando se producen grandes lluvias y las aguas del río Uruguay aumentan de nivel, los saltos pierden altura. No es extraño que en muchas oportunidades lleguen incluso a desaparecer bajo las aguas. Cuando se presenta esta situación, lo único que se observa es un río muy ancho corriendo mansamente por un gran valle fluvial. La cantidad de lluvias en la Sierra do Mar -en Brasil-, región donde nace el río Uruguay, es uno de los factores más importantes que hay que tener en cuenta cuando se planifica un viaje a los saltos). Una vez que alcanzamos el extremo sur del salto, volvimos sobre nuestros pasos para dirigirnos hasta donde comienza el mismo. Después de andar unos dos kilómetros observando en detalle las incontables cascadas y refrescándonos con la bruma que el viento levantaba de ellas, llegamos, siempre por la orilla del río, hasta un lugar en el que, según las indicaciones de Oscar, era posible ingresar al mismo. Allí la anchura superaba los doscientos metros y el comienzo del desnivel que originaba el salto era visible a unos cien metros río adentro. Nos introdujimos en sus aguas y comprobamos que la profundidad no superaba el medio metro. Podíamos observar que el lecho erarocoso y estaba cubierto de algas de color verde muy oscuro. El calor era sofocante, razón más que valedera para que nos diésemos un buen chapuzón. Podíamos observar cómo los dorados saltaban fuera del agua intentando oponer resistencia a la fuerza que los impulsaba a caer por alguna de las cascadas.

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