31.8.06

Rumbo al Parque Florestal Estadual do Turvo...

Una espesa niebla cubría toda la selva y sobre las hierbas se había acumulado muchísimo rocío. Nos habíamos levantado temprano para desayunar, preparar el equipo aligerado y dejar el campamento ordenado. En realidad era imposible imaginar como se iba a presentar el tiempo durante ese viernes. Pero independientemente de ello, el viaje no se suspendería.A las 07:20 hs llegó la camioneta. Luego de las presentaciones formales, nuestro guía, Rubén, nos invitó a subir al vehículo para emprender viaje hasta El Soberbio. Pasamos por la agencia de turismo y completamos unas planillas que luego deberían presentarse en la aduana. A las 08:00 hs subimos a la balsa que nos llevaría a Porto Soberbo, en la otra orilla del río Uruguay, en territorio brasileño (Las localidades de El Soberbio y Porto Soberbo se encuentran una enfrente de la otra. La distancia desde el embarcadero del lado argentino hasta el embarcadero del lado brasileño es cubierto por la balsa en aproximadamente diez minutos. En realidad se trata de un “planchón” remolcado por un pequeño bote a motor amarrado en uno de los laterales del mismo. A bordo ondean las banderas de ambos países). Cuando arribamos a la otra orilla ya había salido el sol y todo hacía prever que el día se presentaría muy caluroso. Después de descender de la balsa la camioneta avanzó unos doscientos metros y se detuvo en el edificio de la aduana brasileña. El guía nos indicó que permaneciésemos dentro del vehículo mientras él cumplimentaba los trámites correspondientes (Luego nos enteraríamos de que allí había surgido un pequeño inconveniente: en la agencia de viajes habían olvidado extenderle la correspondiente autorización para conducir el vehículo, que estaba a nombre de otra persona. Por esta razón el personal de migraciones no le permitía el ingreso a Brasil. La habilidad del guía, unida a la buena predisposición del oficial de aduana, hizo que el problema se solucionara en no más de dos minutos. Independientemente de los argumentos esgrimidos – no era la primera vez que esta persona llevaba turistas a los saltos –, el hecho puso de manifiesto la vulnerabilidad de los controles que muchas veces se efectúan en los pasos fronterizos. A nosotros ni siquiera nos solicitaron los documentos que acreditaban nuestra identidad...).

1 Comments:

At 1:53 PM, Blogger Ana said...

Creo que hay que rescatar la vivencia que proporcionan estos lugares. Despertarse con rocío entre los pies (en el caso de los que acampan) o con el ruido incesante de los pajaritos muy cercano a tus oídos, creo que son las cosas que uno recibe del juego con el ecosistema. saltos del Mocona tiene eso, todavía no es muy famoso entonces va poca gente, lo que hace que el lugar se mantenga más conservado, más virginal de alguna manera. Para el que le gusta eso, y está preparado para encontrarse con la hostilidad pero también verdad de la naturaleza, debería acampar ahí!

 

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